
Cleopatra era una mujer muy astuta y recurría a su encanto femenino para logra sus propósitos, tal es así, que tras la ambición de Marco Antonio, quien necesitaba de la riqueza y el oro de Cleopatra para mantener su ejercito; logró que él acudiera a una cita en Tarso (Turquía)
Cleopatra para lograr su estrategia, apareció deslumbrante ante Marco Antonio, quien obviamente quedó impactado ante su belleza y tras varias citas se unió a ella impresionado ante su encanto femenino.
La pareja pasaron un tiempo junto en Alejandría; quedando ella, embarazada de gemelos, quien tuvo que dar a luz sin la presencia de Marco Antonio. Quien tuvo que ausentarse, para regresar a Roma, allá por los años 40 a. C. por problemas con su esposa quien participaba en una conspiración para derrocar a Octavio.
Mientras tanto, nuestra deslumbrante reina siguió su reinado Egipto, durante 4 años; y tras el regreso de Marco Antonio, quien siguió protegiéndola y ayudando a mantener la independencia de Egipto. Así tuvieron su tercer hijo Ptolomeo Filadelfo.
Marco Antonio perdió muchos de sus soldados y tierras sin tener mayores éxitos en sus conquistas. Hasta que por fin invadió Armenia y regreso triunfante a Alejandría y ante Cleopatra, quien fue coronada “Reina de reyes”. Con ellos también sus hijos recibieron títulos reales.
Marco Antonio y Cleopatra eran fuertes aliados y tenían grandes ambiciones. Recuperaron algunos de los territorios que la familia de la reina había controlado en el pasado. Pero Octavio se enteró de la ambición de ambos e informó al Senado romano tratando a Marco Antonio de traidor. Además, el divorcio de su esposa romana se tomó como ofensa.
A finales del 32 a.C. Octavio declaró la guerra a Cleopatra y a Egipto. Marco Antonio actuó en la guerra como aliado de Cleopatra en contra de Roma.
Llegaron a Grecia temiendo un ataque que le llevara a perder ese territorio. Pero en realidad, no les fue nada bien, pues los soldados romanos fueron venciendo al ejército de Marco Antonio, capturando sus fuertes y hundiendo sus barcos. Poco a poco la situación empeoraba, y desesperados Antonio y Cleopatra decidieron atravesar el cerco romano.
Fueron derrotados en la famosa batalla de Accio (Actium), aunque Cleopatra consiguió huir con su flota regresando a Alejandría.
Quien, entró triunfante, como si hubiera logrado una gran victoria, para evitar que sus enemigos en Egipto no la dejaran entrar al saber que había sido vencida por Octavio.
Antonio estaba hundido por la deshonra y decidió ocultarse en la isla de Faros sin querer ver a nadie. Mientras tanto, Cleopatra seguía pensando en la forma de continuar gobernando.
Octavio no tenía suficiente oro para pagar a los ejércitos, por lo que de momento no podría atacar de nuevo.
Pero sí sabía que volvería tarde o temprano en busca de la necesitada riqueza de Egipto. Poco tiempo después, Antonio salió de su retiro y de nuevo volvieron las fiestas a palacio.
Un año después se recibió la noticia de la llegada de Octavio, y Cleopatra temiendo su reacción, le envió una carta ofreciéndole Egipto con la condición de que gobernaran sus hijos. Pero Octavio ni siquiera contestó: estaba claro que quería gobernar solo.
Mientras, Marco Antonio reunió a su ejército para enfrentarse a Octavio. Pero sus soldados desertaron, huyendo avergonzado y derrotado, y culpando a Cleopatra, quien asustada por la ira del romano se encerró en su mausoleo.
Corrieron rumores de que la reina egipcia había muerto. Marco Antonio enloquecido se clavó su espada, justo en el momento en el que el secretario de Cleopatra llegaba anunciando que estaba viva. Fue llevado junto a Cleopatra y murió en sus brazos.
Poco después en el año 30 a.C., a la edad de 39 años, murió Cleopatra, la última reina de Egipto. Sobre su muerte hay muchas leyendas, pero el cuerpo de Cleopatra no se ha encontrado, por lo que los expertos no han podido estudiar su causa.
Lo cierto es que Cleopatra fue una reina orgullosa, por lo que prefirió la muerte, antes de someterse a Octavio y humillarse ante los romanos. Se suicidó junto a sus dos fieles sirvientas.
Octavio respetó sus deseos y su cuerpo fue sepultado cerca de su amado Marco Antonio; quien siempre estuvo deslumbrado por su encanto femenino.